¿Cómo un enchufe con un trozo de cable grapado a un currículum cerró un contrato?

La creatividad no tiene límites, y esta historia lo demuestra.

Uno de mis clientes estaba en busca de un trabajo y sabía que competir contra otros currículums aburridos, llenos de palabras genéricas y una lista interminable de logros, no era el camino.

Así que decidió hacer algo que nadie más haría…

Compró un enchufe en un chino, le añadió un trozo de cable, lo grapó a su currículum y se presentó a la entrevista con toda la seguridad del mundo.

Cuando llegó el momento de explicar esa “locura”, simplemente dijo:

“Me dijeron que para cerrar un acuerdo con ustedes necesitaba un enchufe”.

Silencio en la sala.

Caras de sorpresa.

¿Y sabes qué pasó después?

Una carcajada colectiva y una conversación que no tenía nada que ver con títulos universitarios o experiencia laboral.

Ese pequeño gesto rompió el hielo, generó una conexión inmediata y, más importante, hizo que lo recordaran.

Lo contrataron.

¿Por qué funcionó?

Porque el mundo está lleno de mensajes iguales.

Y cuando algo destaca, es imposible ignorarlo.

Ese enchufe no solo era un accesorio gracioso, era una declaración de intenciones…

“Estoy aquí para conectar con ustedes, para aportar algo diferente”.

Lo mismo pasa en el mundo de los negocios.

Si tus mensajes son iguales que los del resto, te conviertes en parte del ruido.

Pero si encuentras una forma de conectar, de sorprender y de quedarte en la mente de tu cliente, las cosas cambian.

Esto es exactamente lo que hace un buen copywriting, encontrar tu “enchufe”.

Esa chispa que te hace único, que rompe la rutina, que hace que alguien piense…

“Necesito trabajar con esta persona”.

Si estás cansado de que tus mensajes pasen desapercibidos o sientes que no estás conectando con tus clientes como deberías, hablemos.

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No prometo graparte un enchufe, pero sí que tus textos se vuelvan tan memorables como esta historia.

Porque, al final, la clave para cerrar contratos no está en lo que ofreces, sino en cómo lo cuentas.